Llanto del bebé: Guía para interpretarlo y comprenderlo
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Artículos de este número
La columna de Frida Kaplan:
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Causas espirituales y energéticas Nuestro cuerpo no es una máquina sin voluntad propia, sino que está animado por esa fuerza intangible y misteriosa que nos permite vivir, sentir, pensar y crear. Este motor invisible a los ojos físicos es llamado de innumerables maneras, entre ellas, espíritu, alma, energía universal, prana, Ser Superior, Tao, Dios. La dimensión espiritual de la naturaleza humana alcanza su máxima expresión en el proceso de gestación y nacimiento, mediante el cual el alma se hace carne para realizar su experiencia en el plano físico. En muchas tradiciones primitivas el parto es considerado un trance espiritual y místico: el cuerpo de la mujer es un canal que permite a un espíritu ajeno al suyo llegar a este planeta desde otros planos. Algunas expresiones aplicadas al nacimiento, como “alumbrar” o “dar a luz” tienen un correlato espiritual en el término “iluminación”. Tanto la madre como el bebé acceden a los sentimientos más sublimes del ser humano: devoción, amor incondicional, adoración, los mismos que se adjudican al vínculo con la divinidad. El nacimiento nos coloca ante los enigmas esenciales del ser humano: quiénes somos, de dónde venimos, por qué y para qué estamos en este mundo. Hasta el momento, la única respuesta científicamente comprobable para estos dilemas filosóficos y místicos, es que somos una raza en permanente evolución. Y que estamos inmersos en un universo que, a su vez, también evoluciona en forma continua. Aunque es probable que la mente humana jamás acceda a los significados más profundos de la experiencia terrenal, es posible deducir que estamos en este planeta, en estas coordenadas de tiempo y espacio, en estas circunstancias, para evolucionar. Esta espiral ascendente no es un tránsito sin fricciones. De hecho, el primer golpe de la realidad, y símbolo por excelencia de la evolución, se recibe junto al primer sorbo de aire. El trauma del nacimiento tiene relevancia central en todas las terapias, disciplinas y medicinas alternativas. Algunos terapeutas pusieron especial énfasis en su importancia. Stanislav Grof, el mayor exponente de la psicología transpersonal, caracteriza al nacimiento como una crisis evolutiva a la que denomina “emergencia espiritual perinatal”. Sus conclusiones provienen de la investigación sobre la incidencia de este trauma en personas adultas, quienes participaron de experiencias de regresión al momento del nacimiento. Los participantes expresaron que la vivencia al atravesar el momento de su nacimiento, fue la amenaza de muerte biológica, acompañada de una lucha por liberarse de formas muy incómodas de confinamiento. Describieron temores de enloquecer y de perder el control, combinados con destellos espirituales, percibidos como una poderosa apertura mística y una reconexión con lo Divino. Ann Brenan, una física estudiosa del campo de la bioenergética humana, autora del libro Manos que curan, sostiene por sus experiencias de curación energética, que muchos recién nacidos sufren porque se resisten a encarnar, ya que están aferrados a la condición sutil del espíritu. Cuando esto ocurre, se produce un desequilibrio energético en el bebé, que no le permite arraigarse en este plano. En estos niños, se observa el chakra corona muy abierto, y muy poca vitalidad en el chakra basal, responsables de la conexión con el cielo y la tierra, respectivamente. Otra pope de la curación energética, Katrina Raphaell, coincide, y agrega que los bebés que más se resisten a asumir la tercera dimensión son aquellos que encarnan por primera vez en el planeta Tierra.
La medicina antroposófica, una rama del
movimiento creado por Rudolf Steiner, considera al ser humano como una
confluencia de su cuerpo físico, su campo vital y su espíritu, alma o Yo.
Según esta medicina, hay dos causas posibles de enfermedad. La primera se
refiere a pensamientos y sentimientos materializados en dolencias orgánicas.
La segunda causa se produce cuando el ser anímico-espiritual no llega a
vincularse con el cuerpo físico. Las enseñanzas del Reiki agregan un factor ancestral al llanto del bebé: éste puede provenir de las angustias y heridas no resueltas de hasta cuatro generaciones de las ramas familiares de la mamá y del papá. ¡Buááááá!
* Extracto del
libro "101 maneras de calmar a un bebé", de Marcela Osa.
LLANTO DEL BEBÉ:
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