Llanto del bebé: Guía para interpretarlo y comprenderlo
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Artículos de este número
La columna de Frida Kaplan:
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Necesidades primarias, causas físicas y cólico*
La medicina convencional especifica con
claridad las causas de llanto por razones orgánicas, físicas y fisiológicas.
Para cada una de estas necesidades, existe una solución concreta y simple: hay que ayudar al bebé a dormir, lavarle la cola y ponerle un pañal limpio, amamantarlo, abrigarlo o refrescarlo, hacerle upa, abrazarlo, usar telas adecuadas y ayudarlo a mover el vientre.
Cuando estas necesidades primarias de un
recién nacido están cubiertas y éste continúa llorando, nurses y
neonatólogos indagan en posibles causas orgánicas. Un minucioso
chequeo médico ante la menor sospecha de enfermedad o accidente es muy
importante en los primeros tiempos del bebé, ya que las piezas de su
exquisita y pequeña maquinaria se encuentran en proceso de desarrollo, y
cualquier afección puede tener consecuencias insospechadas. Si las enfermedades quedan descartadas, y el bebé sigue llorando, el diagnóstico se resume en una contundente y temida palabra: cólico. Aquí la suerte de los padres está echada: su hijo va a llorar intensamente los primeros tres o cuatro meses, aunque algunos bebés pueden hacerlo durante todo el primer año. Los esfuerzos de la comunidad científica por descifrar el proceso del cólico, su origen y mecanismo, hasta el momento no son fructíferos. Se lo define como un llanto largo y vigoroso que persiste más allá de todo esfuerzo por consolarlo. El término “cólico” proviene de una palabra griega que designa un tramo del intestino grueso, lo cual refleja la creencia de que se trata de un problema digestivo. La explicación generalizada es que el bebé traga aire al mamar, y esto le produce gases. El agarrotamiento de los músculos de la panza confirma que hay mucha tensión en la zona. Ciertas posturas que adoptan los bebés durante un episodio de gases, también suelen estar presentes en estos ataques de llanto. Por ejemplo, el bebé lleva las piernas al pecho, aprieta los puños y agita sus manos y piernas, o arquea la espalda. Si fuera por dolores de gases, sería muy fácil comprender que el bebé llore con desesperación. En especial, si tenemos la experiencia de haberlos padecido de adultos, y añadimos el dato de que su organismo inmaduro no está preparado para procesar el malestar ni el dolor, y el bebé tampoco tiene la posibilidad de anticipar que este sufrimiento va a parar, tarde o temprano. La única objeción que se plantea al diagnóstico de cólico es que su existencia es una cuestión de fe: algunos médicos creen en los cólicos y otros no. Es que no es posible demostrar que todos los bebés que expresan estos síntomas tienen problemas estomacales. A pesar de las grandes sumas que el mundo farmacéutico invierte para descubrir el antídoto salvador, el cólico no se deja atrapar.
* Extracto del
libro "101 maneras de calmar a un bebé", de Marcela Osa.
LLANTO DEL BEBÉ:
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